“El respeto no se acaba, puede acabarse la confianza y el respeto puede reconstruirla”
El respeto está al alcance de todos, no cuesta nada para quien lo da, pero significa todo para quien lo recibe. La confianza es amistad, franqueza y fluye con naturalidad de una relación basada en el respeto. Se quiebra la confianza, el respeto no. El respeto está siempre ahí, intacto para el que quiera darlo. No es que el otro “perdió” mi respeto; desconfío de él, pero aunque no confíe todavía puedo respetarlo. El respeto no se acaba, puede acabarse la confianza y el respeto puede reconstruirla. La confianza se sostiene en el respeto. La confianza no se regala, se gana. El respeto es acción, la confianza un resultado.
De muchas acciones respetuosas resulta la confianza, pero una sola acción puede quebrarla. La confianza se fortalece o se debilita proporcionalmente al respeto que la sostenga. El respeto tolera y atiende, tiene tacto y se preocupa por que reconoce el valor del otro. La confianza invita a ir por el otro, acerca y abre espacios de posibilidades para todos. El respeto tiene un imitador, el temor. El temor se sustenta en las carencias e inseguridades del otro, el respeto en sus fortalezas y valores. El temor también es un resultado, pues quien intenta pasar por encima del otro promueve el temor y no consigue ser respetado. El temor desconfía, el respeto inspira confianza. El temor y la confianza se oponen entre sí, o está uno o la otra. La confianza se ensancha cada vez que vence al temor, el respeto es fiel escudero de ella. Cuídate de creer que eres respetado cuando en realidad eres temido, tus acciones dirán si te temen o te respetan. Las personas más respetadas son aquellas que con sus acciones construyen confianza. Cuando la confianza llega el temor se va y el respeto se queda con ella.